lunes, 14 de enero de 2013

Mercurial.

Tener el cerebro agotado, y que el cuerpo caiga ante su peso,
el agotamiento compartido de las abejas volando en el panal, que es mi cabeza,
su determinación a no dejarme tranquila,
ni dormir, ni comer, ni vivir.

Son tiempos oscuros pero mis entrañas brillan,
los segundos son tan lineales, que me desintegran; mis ganas, mis sueños...

El despertar ha sido tan implacable, tan duro,
el despertar de mi conciencia que no entiende ya de razones;
sólo quiere hacer lo que hay que hacer, abandonar las imposiciones sociales
y llorar con llanto de años, llanto seco e inoportuno.

Sucumbir ante la oportunidad de actuar,
quedarse inmóvil, formular hipótesis.
Vivir una vida tan móvil como el mercurio.
Mercurial. 

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